Donde no exista el adiós
Y así queman mis besos
por tu espalda
y por el arte de tu cuello,
pulsando en cámara lenta
la pasión de un secreto,
así,
en dócil secuencia,
recorriendo;
cada páramo de tu piel.
Esa que hierve
con el temblor del alma,
porque el tiempo
para estas cosas;
nunca es el suficiente.
Pero el hoy, es el ahora,
y es nuestro instante,
nuestra escena,
esa misma,
donde los cuerpos
superan a cualquier magia
esfumando;
desgastadas nostalgias.
Infinito frenesí
de siluetas mezcladas
y aromas sensuales,
la noche siempre es cómplice,
pero el día puede ser extenso
con lo salvaje;
con lo intenso.
Primavera silvestre
donde tus campos florecen,
enterneciendo
a cada gota de sudor exaltado,
allí donde los labios;
seducen al pecado.
Despojado de dudas,
se expresa el corazón,
y es la carne
su más fino instrumento,
para sacarle a la vida
tan bellas melodías,
esperando que nunca llegue…
el momento de un adiós.

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