El aguila y la Luna

El aguila y la Luna
Cautelosamente,
despacio,

acerqué mis manos a tu cuerpo
como si fuera al fuego,

y así nació un suspiro
que voló de mi corazón como un soplido,

tus labios murmuraron algo
pero tus besos abrieron abismos
con el dulzor de un espasmo.

Ahora ya sin cautelas
en nuestra piel se retrataban las caricias
y con un mágica ternura
nuestras almas se gemían.

Tus latidos descansaban en mi pecho,
tus brazos me rodearon con fuerza,
y de tu boca tiritaron las palabras…

ya soy tuya,
ya no me dejes,

nunca te vayas…

De Sol Elk

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