Cuando alejas al invierno
No eres como el invierno
porque no puedes ser fría,
pero la blancura de la nieve
se asemeja a la pureza de tu alma.
Los leños arden en el hogar,
pero extrañaron tu presencia,
a tu calor expresado con tu cariño
que aleja la crueldad del afuera,
la crueldad de un mundo muy frío.
La vida se revela
como un bosque blanco cubierto,
inexplorado,
pero tu corazón aventurero
rompe todo silencio,
y transgrede la tristeza que cubre la hierba.
De tu mano me guío
cuando la ventisca me acobarda
y su furia sin descanso me cegaba
y así me enamore de ti,
por tu luz decidida a tocarme,
decidida a no dejarme,
cuando entraba por mi puerta clausurada,
e intrépidamente penetraba,
para rescatarme
de una muerte en soledad congelada
casi segura,
casi tortuosa,
si tu candor no me salvaba.

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