Embarcados
La marea sube porque quiere caminar sobre la playa
y es que el océano esta enamorado de la tierra.
Por las noches recita su poesía declarando su cariño con las olas,
y la espuma, son caricias infinitas que se repiten una y otra vez
al danzar con su vaivén.
La luna esta celosa y se apega al planeta con su gravedad,
pero el océano jamás se rinde
pues sus deseos no naufragan, sólo encallan
con sus besos salados en la arena,
y ella que se entrega al suave encanto
de susurros en el viento.
La noche brilla, las tortugas han perdido el rumbo
y se dejan atrapar por una tormenta que se acerca bramando
con sus truenos como heraldos de su llegada.
La pasión está en la costa y la lujuria ya es un huracán,
pues encerrados nos amamos navegando por nuestros cuerpos.
Estamos abrazos, recostados,
viviendo esa historia que se parece a la nuestra
y nos identifica con sus metáforas.
Nos rendimos a la pleamar de nuestra desnudez
siendo la piel el timón del corazón que ya no palpita en solo ilusiones,
ya no son sólo fantasías,
esta noche estamos en medio de la inmensidad del océano soñado
y nos deja realizados
porque estamos embarcados…
en el verdadero amor.

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