Y la noche cayó sobre mis cansados hombros
Y en la tristeza del silencio sólo escucho tus latidos.
Todo mi ser es tuyo porque mi corazón estaba roto.
En ella habita mi alma porque no puedo olvidar sus besos,
ni lo candente de sus brazos que son mi trampa predilecta.
Cómo no extrañar lo que me es imposible olvidar, ni evitar.
Cómo no buscar su piel si es en donde me fascina morir.
Cómo no desear y amar lo único que me hace feliz.
Y la tempestad súbitamente quiso lastimarme
pero esta vez fue diferente porque mi corazón no estaba solo
compartía su contoneo con la hermosura hecha mujer.
Y el regocijo nadaba en la bondad convertida en esos labios
que enloquecen mis sentidos y que deseo sean sólo míos.
Viví mucho tiempo en el desconcierto, pero sé que sólo ella es lo que quiero
sólo ella es lo que añoro, lo que pienso y necesito.
Impregnado en la noche, mis captores hablan de ti.
El viento sólo menciona tu nombre, la luna imita tu brillo y tu calor
y como tú me ilumina en la eterna penumbra.
Las galaxias dibujan tus facciones y sus estrellas me invaden como tu sonrisa.
El perfume de la flora salvaje me embriaga como el aroma de tu piel,
de tu ser, de tu cuerpo desnudo que transporta el paraíso hasta mi cama.
Quiero que ella sepa que me falta,
y que mi felicidad eterna muere siempre en cada adiós.

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